¿Adonde se fue el Amor?
Me acuerdo que cuando mi marido y yo éramos novios guardábamos TODO de recuerdo y cuando digo todo, si quiero decir: todo!!! Los boletos de las películas que vimos en el cine, los boletos de avión de nuestros viajes, arena de la playa, todo lo que nos parecía que sería un bonito recuerdo en unos años, por ridículo que supiéramos que fuera.
Eso se me hace preguntarme ¿en qué momento del matrimonio un boleto de cine viejo se convierte en basura? Entiendes a lo que me refiero?
Lo normal es: hombre y mujer se conocen, se enamoran, se casan, tienen e hijos y viven felices para siempre? No? No es eso lo que nos enseñan los cuentos de hadas y las películas de Hollywood. El único problema es… que eso no es cierto, los que logran vivir juntos “hasta que la muerte los separa” lo hacen pasando por alto muchas y muy largas épocas de infelicidad.
Por qué sucede esto? Por muchos factores, algunos de ellos:
a) La expectativa con la que muchos
llegamos al matrimonio, incluso ahora que ya no nos casamos jóvenes y
que lo hacemos después de los 30 llegamos al matrimonio con una idea
irreal de lo que será la convivencia diaria con nuestra pareja. Creemos
que será como vivir con nuestro novio/a, que la pasión seguirá
siendo la misma, que ahora vamos a viajar juntos, además ya tenemos
dinero y no tenemos que pedir el permiso de nadie y la realidad es que no es
así.
b) La rutina nos acaba matando la
fantasía, originalidad e incluso la inventiva. Cuando ya vivimos con
nuestra pareja y somos un matrimonio nos damos cuenta de todas las
responsabilidades que hay implícitas, ir al super,
cocinar, pagar servicios, tarjetas de crédito, etc. Y cada vez que
volteas…ahí está: tu cónyuge viéndote,
juzgándote, diciéndote cómo se hacen las cosas o haciendo
sugerencias que no pediste, que bonito, no? Llegas a
sentir mucha soledad, sin estar realmente sola NUNCA!
Y cuando llegan los hijos….. la trama se complica aún más. Llega un
extraño a vivir con nosotros y por crudo que eso suene, es real. Es
nuestro hijo/a, pero es un ser humano al que no conocemos, no sabemos como
tratar y nos asusta con solo llorar (cuando es el primero). Ese extraño
que llego a vivir con el matrimonio, aunque lo ames por default y -porque de otra forma serías una
desnaturalizada- depende de sus padres 100% para cubrir sus necesidades y la
dinámica de la pareja cambia y se altera. Horarios, volumen de voz, ver
películas, platicar dentro de su propia recámara y de dormir ya
mejor ni hablamos.
c) Problemas económicos, todos
conocemos el viejo dicho de abuelita: “cuando el hambre entra por la puerta el amor sale por la
ventana”. No es necesario que los problemas económicos alcancen la
magnitud suficiente como para causar hambre, el solo hecho de no contar con las
cosas que estamos acostumbrados a tener causa tensión y resentimientos muy fuertes dentro de una pareja.
Hasta
aquí los problemas obvios que todos conocemos y que conocen y platican
nuestras amigas, amigos, familiares y compadres, pero hay otros problemas de
los que nadie habla y por ello son mucho más graves: no podemos lidiar
con lo que NO conocemos:
a) Los humanos no somos monógamos por
naturaleza, ni hombres ni mujeres. Cada día hay más estudios
que lo comprueban. Al decir esto no pretendo promover el adulterio, por el contrario,
creo que si sabemos con lo que estamos lidiando es más fácil
hacerlo. Es decir, pretender que la monogamia es tan normal como respirar, es
lo que hace más difícil que seamos fieles. Al tener deseos de
estar con personas ajenas a nuestra pareja nos sentimos como pervertidos y
anormales, cuando que no lo somos. Todo ser humano tiene una necesidad en
cuanto a la variedad y lo diferente (pero hay hipócritas que no lo
aceptan, y esa es la mayoría). Esa necesidad –paradójicamente-
se contrapone a la necesidad de lo seguro y lo predecible que también
tenemos los seres humanos, y ahí es donde nos metemos en problemas. El
punto es que debemos de dejar atrás las creencias del siglo pasado,
informarnos y educar a nuestros hijos, para así tener una sociedad que
entienda que la fidelidad es una decisión, una decisión sobre la
que hay que trabajar y estar enfocados para no cambiarnos al carril equivocado
sin darnos cuenta.
b) Las secreciones químicas de
nuestro cerebro son tan engañosas como las drogas. Tienen el mismo
efecto. Cuando nos sentimos enamorados nuestro cerebro secreta
diversos químicos que nos hacen sentir en las nubes cuando
estamos cerca de la persona en cuestión o simplemente al pensar en esa
persona tan especial. Entonces la realidad es que estamos mas dopados que enamorados. Y lo que tenemos
es una dependencia a los químicos que nos hace liberar nuestro
“amor”. Estas secreciones duran entre 18 meses y 4 años,
hasta que nos acostumbramos a la persona, según algunos estudios que se
han hecho al respecto (“The Alchemy of Love and Lust”
de la Dra. Theresa Crenshaw)
más o menos el tiempo que nos toma reproducirnos por
lo menos 2 veces, ¿interesante, no?
Cuando dejamos de secretar esos químicos con efectos similares a
la cocaína y la heroína –exaltación y
emoción- (las más adictivas) y no comenzamos a secretar un nuevo
grupo de químicos (como la oxitocina) cuyo efecto es similar al de los
narcóticos como la morfina –calma y paz-, la relación
termina ahí. Cuando si se secreta oxitocina se forman lazos de dependencia
que nos ayudan a permanecer más tiempo con una persona.
No pretendo ser la cínica que les dice que el amor como tal no
existe, que es una ilusión
que nos hace nuestro cerebro con sus secreciones químicas, desde luego
que el amor existe. Solo que no funciona como pensamos ni es tan mágico
como en las películas. Debemos de aprender a conocer nuestro cerebro y
sus reacciones para no volvernos víctimas de nosotros mismos y un
día decir: “es que de un día para otro… el amor se
acabó, sin motivo aparente”. Lo que se acaba son las secreciones
que nos hacen permanecer juntos. Por eso debemos aprender a tener relaciones
más profundas y ser amigos de nuestra pareja para no depender de la
química de nuestro cuerpo.
Saber esto de lo cual nadie habla ni nos enseña, nos
ayudará a entender que el amor no se acaba, no se esfuma, ni la gente
cambia de un día para otro. No podemos pretender estar tan enamorados como el
primer día después de 3 años, ni de 5 ni de 20. Lo que
sí podemos hacer es aprender a tener una relación dinámica
que vaya cambiando junto con los años y con nosotros mismos para que
podamos ir de la mano de nuestra pareja y por el mismo camino.
Esto requiere mucha comunicación, lo cual también quiere
decir saber cuándo y qué callar. No es necesario decir TODO. Las
parejas están formadas por individuos y como individuos tenemos
límites, dentro de esos límites están las cosas que nos
guardamos para nosotros mismos y no hay nada malo en eso. Compartir todo puede ser abrumador y
sobre todo porque los demás no perciben las cosas como nosotros. Esto no
implica ni mentir ni engañar… espero quede claro.
¿Cuándo se convierte un boleto del cine usado en basura? Cuando ya dejaste de secretar químicos adictivos y te alcanzaron la rutina, la falta de tiempo para ti misma, los problemas económicos y sobre todo cuando empiezas a desear a alguien más sin entender por qué.
Las relaciones son complejas y vale la pena saber sobre nosotros mismos para poder tener relaciones sanas.
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